
La situacion a la que se ven sometidas estas mujeres es lamentable, viven en la mas absoluta pobreza, y todas son privadas de su belleza, cubiertas con una tela blanca sin adornos y la cabeza rapada. Viven con el dinero que le ofrecen a una de ellas que ejerce la prostitución obligada por la matriarca.
Las prohibiciones de los Textos Sagrados son disparatadas: no pueden comer comida frita ni dulces, no pueden hablar con hombres, ni siquiera pueden correr.
Cuando muere su marido, parte de ellas también muere con él, con ello justifican esta privación de libertad. Al Estado le resulta más rentable recluirlas que darles lo que se conoce en occidente por una pensión de viudedad. Una vez más la mujer es víctima de las leyes de los hombres.
Me quedo con una frase que dijo la niña, ingenua pero contundente: ¿Dónde está la casa de los viudos?
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